martes, 8 de abril de 2008

Poemas de verso libre

La tristeza en tus ojos

Tu llanto sonó

Como una lluvia

De nieve oscura,

Cuando cayó.

Yo era aquel

Que volaba en el cielo

De tus pensamientos

Nublados y en tus ojos.

Yo me mojaba

En las olas de tu mar.

Yo era aquel,

Dedicado apodar

La tristeza

De tu jardín.

Yo era aquel,

Que se moría

Por vivir dentro

De tu destino.

Circularen tus

Venas, aunque

Fuera, una

Hora entera.

Yo era aquel

Que se congelaba

Dentro de tus

Ojos rojos.

Yo era aquel,

Que rozaba

Con mis labios,

Tu lágrima de sal.

Yo era tu placer,

Yo era tu dolor

Y tú lamento.

Yo era tu ayer,

Yo era tu amor

Y tú tormento

Tu soledad sonó,

Cuando cayó,

Como una avalancha

De sueños rotos.

La tristeza

En tu lenguaje corporal

Te vestía muy mal.

Se te había ahorcado

El paje de brillo

De tus ojos junto a la muñeca.

Era la sangre de tu tristeza,

La piel de la libertad

Que un ciego puede ver.

Era la música eufórica,

El grito del amor,

Que un sordo puede oír.

Por la mente

Te vi en el corredor de los sueños,

Y Cuando estaba percibiéndote sin ropa,

Alargaste tu boquita para reírte de mí,

Yo no se que te pasaba por la mente.

En la arena vi a una sirena que se bañaba,

Con las olas de luz del sol,

Y llegaba hasta una piedra carrasposa,

Volando por el suelo de la furor.

I

La noche de tu uña puso fría,

La sensación de misterio de tu ojo

Derecho se pasó al izquierdo suave,

Mientras tu ombligo abría el trayecto

En tu estómago sentías el amor,

En una mezcla ácida de abandono,

Yo sentía tu dolor hablar por ti,

Y la nota escrita por tu boca dulce

En mi cuello es la espoleta corta

Que extiende cuando se quema

La razón salvaje por toda tu piel,

Y exprimo el jugo de tu lujuria

Tu deseo se escribe en el aire,

Con los lápices de tus caderas.

II

Recorto tu figura del espacio,

Y la doblo y la meto en mi corazón,

Y la plancho con el tacto, las manos

Rozo tu pierna suave como el agua,

De un lago que se quedó dormido,

Porque ningún viento lo sacudió

Tus pechos de montaña vertical

Sobresale y tu cintura acuna

Luna de piel cubierta por una nube,

La nube de mis deseos abandonados

En tu cuerpo y en tu pecho desnudo,

Escondidos entre los esteros de tu vientre,

Bajo el sol de las pupilas de tu sexo,

Que se abren por la luz del amor mío,