martes, 8 de abril de 2008

Dialogos Clandestinos

Diálogos inusuales de los clandestinos:

I

El sueño se me ha ido,

Como la regresiva ola,

Que mi conciencia deporta…

Y el camino que me abrió la palabra,

Era tortuosa como el desierto,

Y reconfortante como el mar...

Escrita por un autor anónimo antes reír y morir.

II

El día empieza en la media noche,

Pero este día que vivo hoy

Es el mas largo de mi vida…

Un topo que tiene que cavar un gran túnel.

III

El sol tiene dos caras:

Una muy infantil, el alba,

Y otra muy cenit, el ocaso.

Proverbio corroído.

IV

La mariposa es la presidiario,

Rehabilitada más hermosa,

De todo el mundo…

Dicho por un camaleón antes de comérsela.

V

La abeja es la más dulce,

De los proletarios.

Dicho por un empresario vestido de abeja panzona.

VI

La avispa marina es el animal mas insidioso,

Te puede engañar y matar,

Aumentando su pena el agravante de ser pequeña…

Dijo un fiscal en un caso de narcotráfico.

VII

El gato chillo como un niño,

Porque la gata no quiso,

Acostarse con el…

Expresó un vecino que le acababa de tirar

Agua caliente al gato en celo.

VIII

El quetzal valía para los mayas,

Más que el oro puro,

La suerte era su larga pluma,

De verde brillante y gema.

Explicó un maya que nunca lo había visto.

IX

Ese perro ya no tiene dientes

Con que tragar el hueso,

De una paloma que volaba,

Al norte para vivir mejor…

Dijo su dueño, un agente de inmigración

Antes de detener a 50 ilegales, en Arizona

Con la ayuda del perro.

Luz clandestina

Una luz se derramó sobre mi pecho sombrío;

Y se alojó con su inconfundible paz, sin maldad,

En mi piel helada de amor y helada de libertad.

Con mi mano yo trate de apartar la luz y su brío,

Pero solo alcance evadirla con un soplo ancho;

Y después de vivir y sentir en mi piel se marchó.

Yo extrañe esa canción azul de su llama,

Y esa dulce y afable disposición de seguirme.

Con ilusión si ardía mi pecho al hechizarme.

Pero se fue un día de de hojas muertas

“Por donde yo caminaba, ella lo hacía,

Por donde yo corría, ella corría; siempre me seguía”.

Cuando se fue, me sonrió con agonía:

Menguándose, menguándose,

Menguándose.

Solo conseguí una chispa de su luz,

Quise reiteradamente encender de nuevo su pasión,

Y quise abrasar otra vez su fuego azul y su razón,

Y hasta moviendo mi mano trate de encenderla de nuevo,

Pero solo alcance a desarroparla por un momento,

Y después de verme feliz y tocar mi piel, mí lamento.

Me dejo encendido e iluminado;

Me sonreía mientras moría ¡apagándose!,

¡Apagándose!, ¡Apagándose! ¡Extinguiéndose!...

Esa luz era de ella,

Y cuando solo partió,

Su amor grande de estrella,

Veloz se desvaneció.

Ojos Indígenas Furtivos

Mis ojos atrancados nunca mirarán,

El destino de una luz, especie en extinción,

Los bisturines del silencio puyarán,

Calando mis ojos aún sigue mi visión.

Se ha dormido impávido mi corazón,

Me ha rodeado la soledad nauseabunda,

Es el fin de mi secreto con hinchazón,

Y mi sensible existencia esta confundida.

Mis ojos atascados nunca mirarán,

La vida y el destino del aborigen,

Los bisturines asesinos no paran,

Mis ojos atados aun lo ven, mi origen.

El miserable aspecto de como ataron,

La lustre puta asesina de la invasión,

A mis ojos nativos cuando, llevaron

Mi oro, mi café, mi chocolate pasión.

Mis ojos de fantasma pueden mirar

Nunca abandonaron lo conquistado,

Mis intuiciones no se ahogan en el mar,

Y mis visiones no se han agotado.

Mis ojos de almeja blanqueados sin mancha,

Mis ojos no se hunden, aunque los derrumben,

Mis ojos cerrados como una avalancha,

Extintos y momias pero no sucumben.

Poemas de verso libre

La tristeza en tus ojos

Tu llanto sonó

Como una lluvia

De nieve oscura,

Cuando cayó.

Yo era aquel

Que volaba en el cielo

De tus pensamientos

Nublados y en tus ojos.

Yo me mojaba

En las olas de tu mar.

Yo era aquel,

Dedicado apodar

La tristeza

De tu jardín.

Yo era aquel,

Que se moría

Por vivir dentro

De tu destino.

Circularen tus

Venas, aunque

Fuera, una

Hora entera.

Yo era aquel

Que se congelaba

Dentro de tus

Ojos rojos.

Yo era aquel,

Que rozaba

Con mis labios,

Tu lágrima de sal.

Yo era tu placer,

Yo era tu dolor

Y tú lamento.

Yo era tu ayer,

Yo era tu amor

Y tú tormento

Tu soledad sonó,

Cuando cayó,

Como una avalancha

De sueños rotos.

La tristeza

En tu lenguaje corporal

Te vestía muy mal.

Se te había ahorcado

El paje de brillo

De tus ojos junto a la muñeca.

Era la sangre de tu tristeza,

La piel de la libertad

Que un ciego puede ver.

Era la música eufórica,

El grito del amor,

Que un sordo puede oír.

Por la mente

Te vi en el corredor de los sueños,

Y Cuando estaba percibiéndote sin ropa,

Alargaste tu boquita para reírte de mí,

Yo no se que te pasaba por la mente.

En la arena vi a una sirena que se bañaba,

Con las olas de luz del sol,

Y llegaba hasta una piedra carrasposa,

Volando por el suelo de la furor.

I

La noche de tu uña puso fría,

La sensación de misterio de tu ojo

Derecho se pasó al izquierdo suave,

Mientras tu ombligo abría el trayecto

En tu estómago sentías el amor,

En una mezcla ácida de abandono,

Yo sentía tu dolor hablar por ti,

Y la nota escrita por tu boca dulce

En mi cuello es la espoleta corta

Que extiende cuando se quema

La razón salvaje por toda tu piel,

Y exprimo el jugo de tu lujuria

Tu deseo se escribe en el aire,

Con los lápices de tus caderas.

II

Recorto tu figura del espacio,

Y la doblo y la meto en mi corazón,

Y la plancho con el tacto, las manos

Rozo tu pierna suave como el agua,

De un lago que se quedó dormido,

Porque ningún viento lo sacudió

Tus pechos de montaña vertical

Sobresale y tu cintura acuna

Luna de piel cubierta por una nube,

La nube de mis deseos abandonados

En tu cuerpo y en tu pecho desnudo,

Escondidos entre los esteros de tu vientre,

Bajo el sol de las pupilas de tu sexo,

Que se abren por la luz del amor mío,